Cáncer de Tiroides

Cáncer de Tiroides

Este cáncer se forma en la glándula tiroidea (un órgano ubicado en la base de la garganta que produce hormonas que ayudan a controlar la frecuencia cardíaca, la presión arterial, la temperatura del cuerpo y el peso). Los cuatro tipos más importantes de cáncer de tiroides son el papilar, el folicular, el medular y el anaplásico. Los cuatro tipos se determinan de acuerdo con el aspecto de las células bajo un microscopio. Los cuatro tipos diferentes de cáncer de tiroides presentan un comportamiento muy diferente.

  • Carcinoma papilar de tiroides: representa el 80-85% de los cánceres de tiroides. Se originan a partir de las células foliculares del tiroides. Crecen muy lentamente aunque puede afectar a los ganglios linfáticos. Tiene muy buen pronóstico.
  • Carcinoma folicular de tiroides: representa el 5-10% de los cánceres de tiroides. Se originan a partir de las células foliculares o de las células de Hurthle del tiroides. Es más frecuente en aquellas áreas donde hay déficit de yodo en la alimentación. Suele tener un buen pronóstico.
  • Carcinoma medular de tiroides: representa el 5% de los cánceres de tiroides. Se originan a partir de las células C del tiroides. Producen aumento de una hormona característica denominada calcitonina que está relacionada con la regulación de los niveles de calcio. En el 80% de los casos no se asocia a ningún síndrome  hereditario, no relacionándose con ningún factor de riesgo. En el otro 20% de los carcinomas medulares de tiroides son consecuencia de un gen anormal, originando un síndrome de carcinoma medular de tiroides familiar.  La combinación de este síndrome con tumores de otras glándulas endocrinas se conoce como neoplasia endocrina múltiple tipo 2 (MEN 2). Pídale información a su médico sobre los análisis de sangre y sobre las pruebas genéticas.
  • Carcinoma anaplásico de tiroides: es un cáncer de tiroides muy poco frecuente. Es muy agresivo y su pronóstico es malo.

Elección del Tratamiento

Una vez que se ha confirmado el diagnóstico de cáncer de tiroides, y se han realizado las pruebas necesarias para conocer en qué fase está la enfermedad, se debe determinar cuál es el tratamiento más adecuado para curarla. El especialista recomendará y explicará las posibilidades de tratamiento más óptimas en cada caso, para que el paciente con toda la información pueda junto con el médico tomar una decisión.

En el tratamiento del cáncer de tiroides se sigue un protocolo, es decir un conjunto de normas y pautas (plan de tratamiento), establecidas en base a la experiencia científica que se tiene en el tratamiento de este tumor. Estos protocolos, que se emplean de forma generalizada en todos los hospitales, recogen las indicaciones o limitaciones del tratamiento en función de los siguientes factores:

  • Fase o estadio en la que se encuentra la enfermedad (TNM).
  • Tipo de tumor
  • Características del paciente: edad, enfermedades que dificulten algún tratamiento específico, estado nutricional…

Tratamiento para cáncer de tiroides papilar y folicular en estadio I y II

El tratamiento del cáncer de tiroides papilar y el cáncer de tiroides folicular en estadios I y II puede incluir los siguientes procedimientos:

  • Tiroidectomía total o casi total, con tratamiento con yodo radiactivo o sin este.
  • Lobectomía y extirpación de los ganglios linfáticos que contienen cáncer, seguida de terapia con hormonas. Se puede administrar yodo radiactivo después de la cirugía.

Tratamiento para cáncer de tiroides papilar y folicular en estadio III

El tratamiento del cáncer de tiroides papilar y el cáncer de tiroides folicular en estadio III es habitualmente tiroidectomía total. También se puede extirpar el cáncer que se diseminó por afuera de la tiroides, así como los ganglios linfáticos que contienen cáncer. Se puede administrar yodoradiactivo o radioterapia externa después de la cirugía.

Tratamiento para cáncer de tiroides papilar y folicular en estadio IV

El cáncer de tiroides papilar y el cáncer de tiroides folicular en estadio IV que se diseminó solo hasta los ganglios linfáticos a menudo se pueden curar. Cuando el cáncer se diseminó hasta otras partes del cuerpo como, por ejemplo, los pulmones y los huesos, el tratamiento generalmente no cura el cáncer, pero puede aliviar los síntomas y mejorar la calidad de vida. El tratamiento puede incluir los siguientes procedimientos:

  • Tratamiento con yodo radiactivo.
  • Radioterapia de haz externo.
  • Cirugía para extirpar el cáncer de las áreas hasta donde se diseminó.
  • Terapia con hormonas.

Tratamiento para cáncer de tiroides medular

El tratamiento puede incluir los siguientes procedimientos:

  • Tiroidectomía total si el cáncer no se diseminó hasta otras partes del cuerpo.
  • Extirpación de los ganglios linfáticos que contienen cáncer.
  • Radioterapia externa como tratamiento paliativo para aliviar los síntomas y mejorar la calidad de vida de los pacientes cuyo cáncer recidivó en la tiroides.
  • Quimioterapia como terapia paliativa para aliviar los síntomas y mejorar la calidad de vida de los pacientes cuyo cáncer se diseminó hasta otras partes del cuerpo.

Tratamiento para cáncer de tiroides anaplásico

El tratamiento puede incluir los siguientes procedimientos:

  • Traqueotomía como terapia paliativa para aliviar los síntomas y mejorar la calidad de vida.
  • Tiroidectomía total como terapia paliativa para aliviar los síntomas y mejorar la calidad de vida de los pacientes cuyo cáncer no se diseminó más allá de la tiroides.
  • Radioterapia externa.
  • Quimioterapia.

Opciones de tratamiento para el cáncer de tiroides recidivante

El tratamiento del cáncer de tiroides recidivante puede incluir los siguientes procedimientos:

  • Cirugía, con tratamiento con yodo radiactivo o sin este.
  • Tratamiento con yodo radiactivo cuando el cáncer se encuentra solamente mediante una ecografía de la tiroides y no se puede palpar durante un examen físico.
  • Radioterapia externa o radioterapia intraoperatoria como terapia paliativa para aliviar los síntomas y mejorar la calidad de vida.
  • Quimioterapia.

Cirugía

La cirugía es el principal  tratamiento del cáncer de tiroides. Hay varios tipos:

  • Lobectomía. Operación en la que se extrae sólo el lado de tiroides donde se encuentra el cáncer. Se pueden extraer ganglios linfáticos en el área para determinar si están afectados.
  • Tiroidectomía casi total. Operación en la que se extrae todo el tiroides salvo una pequeña parte.
  • Tiroidectomía total. Operación en la que se extrae todo el tiroides.
  • Disección de ganglios linfáticos. Operación en la que se extraen los ganglios linfáticos en el cuello a los que se ha propagado el cáncer.

Las principales complicaciones de la cirugía del tiroides son: el hipotiroidismo, es decir, una función demasiado baja de la glándula, por lo que es posible que el paciente precise tratamiento oral con hormonas tiroideas de por vida; la parálisis de cuerdas vocales; y la extirpación accidental de las glándulas paratiroides (localizadas detrás de la glándula tiroides), lo que da como resultado una bajada del calcio sanguíneo (por que las glándulas paratiroides regulan el calcio); la hemorragia y las infecciones de la herida.

Tratamiento con yodo radiactivo

La tiroides absorbe casi todo el yodo de la sangre, por lo que el yodo radiactivo (I-131) puede destruir la glándula tiroides sin afectar al resto del organismo. Es el tratamiento recomendado como tratamiento complementario tras extirpar el tiroides y también cuando el cáncer de tiroides se ha propagado fuera del cuello a otras partes del cuerpo. El I-131 puede utilizarse a dosis altas en algunos cánceres papilares o foliculares localizados.

Se administra de una vez en forma de cápsula; irradiando directamente el tejido tiroideo, destruyéndolo. A las pocas semanas el yodo radiactivo desaparece del cuerpo. Para que este tratamiento sea más eficaz, se suele suspender el tratamiento hormonal de hormona tiroidea  4 o 5 semanas antes, aunque esto puede  provocar un hipotiroidismo. Los efectos secundarios de este tratamiento son escasos, en forma de molestias en el cuello y boca seca, y se recomienda que las mujeres en edad fértil eviten un embarazo dentro del primer año de este tratamiento.

Terapia Hormonal

Tras la cirugía del tiroides o su ablación con yodo radiactivo, suele ser necesaria la reposición de las hormonas tiroideas con la hormona sintética Levotiroxina. La hormona tiroidea también se debe utilizar como tratamiento ya que niveles altos de esta hormona disminuye los niveles de otra hormona TSH (hormona estimulante de tiroides); estos niveles bajos de TSH resultan eficaces para controlar el cáncer de tiroides.

Quimioterapia

La quimioterapia NO es muy eficaz contra el cáncer de tiroides, aunque, en ocasiones, es necesaria porque no han tenido éxito otros tratamientos. Hay diferentes fármacos en investigación para mejorar la eficacia de la quimioterapia.

Radioterapia

La radioterapia es el empleo de radiaciones ionizantes para el tratamiento, local o locorregional, de determinados tumores  que emplea rayos X con altas dosis de irradiación. Su objetivo es destruir las células tumorales causando el menor daño posible a los tejidos sanos que rodean dicho tumor.

Generalmente, este tipo de tratamiento no se usa contra cánceres que absorben yodo, porque en este caso se suelen tratar con yodo radioactivo. La radioterapia se utiliza en cánceres que no absorben yodo, después de la cirugía para aumentar el control local, o para tratar las recurrencias o paliar las metástasis. La radioterapia puede producir como efectos secundarios, lesiones cutáneas similares a una quemadura por el sol.

Planificación del tratamiento con Radioterapia

Antes de empezar con el tratamiento propiamente dicho, es preciso realizar una planificación o simulación del mismo. Su finalidad es determinar una serie de parámetros que variarán dependiendo del tipo, de la localización y de la extensión del tumor, así como de las características anatómicas de cada enfermo.

Durante todo el tratamiento, el paciente ha de permanecer inmóvil y mantener la misma postura. Es frecuente, que próximo a la zona del tumor se encuentren determinadas estructuras importantes como la tráquea, la medula espinal, los pulmones, el corazón, entre otros. Para administrar la radiación con una precisión elevada y evitar que los tejidos sanos que rodean al tumor reciban más dosis de la tolerada, se utilizan sistemas de inmovilización muy precisos para que  permitan la administración de la radiación con gran exactitud.

Habitualmente, para realizar el cálculo de la dosis que va a recibir tanto el tumor como los tejidos sanos de alrededor del mismo, es necesario realizar una tomografía de localización, cuyas imágenes se introducen en la computadora, donde se determina el volumen de tratamiento. Antes de la realización de la tomografía se determina el sistema de inmovilización más adecuado para cada paciente según la técnica que se vaya a aplicar. Los más empleados son una máscara de material termoplástico que se adapta al contorno del paciente. Una vez realizada la planificación, estos sistemas de fijación permiten su reproducción diaria en la sala de tratamiento.

¿Dónde se realiza el tratamiento con radioterapia?

Las habitaciones donde se realizan los tratamientos de radioterapia externa se llaman salas de radioterapia o búnkeres. Estas habitaciones poseen paredes de hormigón con un gran espesor que proporcionan un aislamiento perfecto impidiendo que la radiación salga fuera de ellas. Mientras dura la sesión de tratamiento el paciente estará solo en el interior de la sala, pero vigilado por el personal especializado a través de un circuito de televisión y un interfono.

¿Por qué es necesario acudir todos los días?

Si se administrara toda la dosis de radiación en una única sesión se producirían daños muy serios en los tejidos. Para minimizar estos efectos secundarios, la dosis total de radiación se fracciona, repartiéndose en un número determinado de sesiones y días. El fraccionamiento estándar consiste en administrar una sesión al día durante cinco días a la semana descansando dos, generalmente sábados y domingos. Para su administración no es necesario estar ingresado, puede acudir al hospital para el tratamiento y una vez finalizado volver a su casa.

¿Cuánto dura el tratamiento?

El tratamiento de radioterapia suele durar entre dos y siete semanas, dependiendo de la dosis que se administre y del número total de sesiones. Diariamente, cada sesión dura sólo unos minutos (quince aproximadamente). El tiempo real de irradiación dura unos segundos. Una vez finalizado el tratamiento diario, puede estar en contacto con otras personas, ya que no emite ningún tipo de radiactividad. Sus relaciones sociales, laborales y familiares no tienen por qué verse afectadas mientras dure el tratamiento.

Efectos secundarios:

La radioterapia, al mismo tiempo que elimina células enfermas, puede afectar a los tejidos sanos cercanos al área de tratamiento y como consecuencia aparecen efectos secundarios en la zona que ha recibido el tratamiento.

Estos efectos son difíciles de prever con exactitud, ya que dependen de múltiples factores como la zona del organismo donde se realiza el tratamiento, la dosis, el fraccionamiento y la susceptibilidad individual de cada persona. En algunos casos se producen efectos mínimos, mientras que en otros son más serios y es necesario administrar tratamiento médico para su control.