Carcinomas Cutáneos

Carcinomas Cutáneos

Es el Cáncer que se forma en los tejidos de la piel.  La mayoría de los cánceres de la piel se forman en las partes del cuerpo expuestas al sol de las personas de edad avanzada o en personas con un sistema inmunitario debilitado. Los carcinomas cutáneos son los tumores malignos de la piel diferentes a los melanomas. Con este nombre se engloban dos tipos de tumores:

  • Carcinomas Epidermoides o escamosos de la piel
  • Carcinoma de células basales de la piel

 El carcinoma epidermoide de la piel es una proliferación maligna de un tipo de células de la piel, los queratinocitos. Es un tumor con poca capacidad para dar metástasis aunque sí de ser invasivo localmente. Es un tumor muy frecuente, aunque su incidencia es menor que el carcinoma de células basales. Supone el 20-25%  de los tumores malignos cutáneos. En los últimos 20 años esta incidencia ha aumentado en casi todos los países, debido a la mayor exposición a la luz solar y a los cambios en el estilo de vestirse.

El carcinoma de células basales procede de la capa más inferior de la epidermis, las células basales. Es particularmente frecuente en la raza blanca, caucasiana. La incidencia está aumentando en un 10% anual. El factor causal más importante es la luz del sol (ultravioleta), y esto es una constante en todo el planeta. Así la incidencia media en tasa (número de casos por 100.000 habitantes) en Australia es de 1035 casos en hombres y 472 en mujeres, mientras que en Finlandia es solo de 6 y 4, respectivamente. Indudablemente estas cifras varían en función de la raza y del color de la piel. Las razas caucásicas, de piel blanca, son las que más predisposición tienen a este tipo de tumor.

La incidencia aumenta mucho con la edad, resultando muy raro antes de los 45 años. La luz ultravioleta es absorbida por el DNA de las células de la piel causando daños en el mismo. Si este daño no es reparado por los genes que realizan este trabajo, los trastornos genéticos en la célula se acumulan produciendo su transformación maligna. La presencia de mutaciones en estos genes encargados de la reparación del DNA favorece el desarrollo de estos tumores.

En el carcinoma epidermoide de piel es muy importante el acúmulo de horas de exposición al sol a lo largo de la vida, más que la intensidad de la exposición a la luz solar, que en cambio es un factor más importante para el desarrollo del melanoma y del carcinoma de células basales. La exposición a radiaciones ionizantes también es un factor de riesgo para los tumores cutáneos no-melanoma, sobre todo el carcinoma de células basales. Las enfermedades que causan inmunosupresión, como el SIDA, uso crónico de esteroides y tratamiento inmunosupresor por trasplantes de órganos, también aumentan la incidencia de los carcinomas cutáneos no-melanoma. Las enfermedades inflamatorias crónicas de la piel, o lesiones inflamatorias de larga duración, como escaras, quemaduras, úlceras etc., también son situaciones de mayor riesgo para desarrollar un carcinoma cutáneo epidermoide. Enfermedades de la piel que se consideran precancerosas para estos tumores son: xeroderma pigmentosum, epidermodisplasia verruciforme y albinismo.

La infección por el papiloma virus en estos pacientes de mayor riesgo, puede aumentar todavía más la probabilidad de tener un carcinoma epidermoide de la piel. Para el carcinoma de células basales existe una enfermedad genética que aumenta los riesgos llamada Síndrome del Nevus de células basales, que afortunadamente es rara.

Elección de Tratamiento

El carcinoma escamoso o epidermoide de la piel, así como el de células basales,  es un tumor localizado a la epidermis en la gran mayoría de los casos. El tratamiento local es el pilar del tratamiento.

Carcinoma de células basales

El tratamiento del carcinoma de células basales puede incluir los siguientes procedimientos:

  • Cirugía micrográfica de Mohs.
  • Escisión simple.
  • Electrodesecación y legrado.
  • Criocirugía.
  • Radioterapia.
  • Cirugía láser.
  • Quimioterapia tópica con fluorouracilo.
  • Terapia fotodinámica.

Los exámenes de seguimiento de la piel son importantes para las personas con carcinoma de células basales porque tienen más probabilidades de contraer un tumor nuevo o recidivante dentro de los cinco años del primero. Después del tratamiento, el paciente debe someterse a exámenes de la piel cada seis meses durante cinco años y una vez al año a continuación.

Carcinoma de células escamosas

El tratamiento del carcinoma de células escamosas puede incluir los siguientes procedimientos:

  • Cirugía micrográfica de Mohs.
  • Escisión simple.
  • Electrodesecación y legrado.
  • Criocirugía.
  • Radioterapia.
  • Quimioterapia tópica con fluorouracilo.
  • Cirugía láser.

Los exámenes de seguimiento de la piel son importantes para las personas con carcinoma de células escamosas porque estos carcinomas se pueden diseminar. Los pacientes se deben someter a exámenes de la piel cada tres meses durante varios años después del tratamiento y cada seis meses en adelante.

Crioterapia

Este tratamiento destruye a las células tumorales por congelación. Es una técnica útil en lesiones pequeñas, bien definidas y de bajo riesgo de recidiva. Se utiliza la aplicación de nitrógeno líquido sobre la lesión tumoral y un perímetro de tejido sano superior a 3 mm. Esta técnica solamente la pueden realizar médicos experimentados y con gran conocimiento de esta enfermedad. Es imposible el estudio histológico de la lesión una vez tratada.

Electrocirugía

También conocida como curetaje o electrodisección. Es una técnica a aplicar solamente en lesiones pequeñas, bien delimitadas y de bajo riesgo de recaída. Tampoco permite el estudio histológico de la lesión.

Cáncer cutáneo

Tratamiento tópico

Un agente quimioterapéutico, el 5-Fluoruracilo puede utilizarse de forma tópica y es muy útil para las queratosis actínicas, los carcinomas in situ e incluso en los carcinomas superficiales. Es de especial valor cuando no son aplicables otras técnicas. Tiene como limitación el que el producto no se extienda a una concentración adecuada sobre la zona a tratar, contribuyendo entonces a que aparezcan recidivas. Se aplica en forma de crema, dos veces al día y durante 4 a 8 semanas. Produce una reacción inflamatoria que puede ser dolorosa. No se debe de aplicar nunca, por ello, cerca de los ojos, labios o fosas nasales.

Terapia Fotodinámica

Este es otro tratamiento tópico que se basa en unas sustancias llamadas porfirinas, que tienen capacidad fotosensibilizadora, produciendo daño celular ante la exposición a la luz y en presencia de oxígeno. La aplicación tópica o inyectable de estas sustancias puede permitir la destrucción selectiva de los carcinomas cutáneos superficiales.

Cirugía

La extirpación quirúrgica es el tratamiento más ampliamente utilizado. Es una técnica bien tolerada, extremadamente eficaz y que permite estudiar por completo la extensión de la lesión tumoral y asegurar la eliminación de la misma mediante el estudio de los márgenes quirúrgicos. La extirpación puede realizarse habitualmente con anestesia local y sin necesidad de ingreso hospitalario. En los tumores superficiales la curación se consigue en el 92% de los casos. Cuando el tumor tiene una invasión en profundidad o afectación ganglionar regional la extirpación quirúrgica consigue la curación en el 72% de los casos.

Radioterapia

Es una buena elección para tratar tumores pequeños, bien delimitados y especialmente en personas mayores o en las que no se considera indicado un tratamiento quirúrgico. Es una técnica de tratamiento contraindicada en los tumores de células basales y en el carcinoma verrucoso. La radioterapia también se utiliza cuando el tumor primario no se puede resecar por completo o cuando los ganglios regionales están afectados.

Planificación del tratamiento con Radioterapia

Antes de empezar con el tratamiento propiamente dicho, es preciso realizar una planificación o simulación del mismo. Su finalidad es determinar una serie de parámetros que variarán dependiendo del tipo, de la localización y de la extensión del tumor, así como de las características anatómicas de cada enfermo.

Durante todo el tratamiento, el paciente ha de permanecer inmóvil y mantener la misma postura. Es frecuente, que próximo a la zona del tumor se encuentren determinadas estructuras importantes como glándulas salivales o cualquier órgano de riesgo cercano al área de irradiar. Para administrar la radiación con una precisión elevada y evitar que los tejidos sanos que rodean al tumor reciban más dosis de la tolerada, se utilizan sistemas de inmovilización muy precisos para que  permitan la administración de la radiación con gran exactitud.

Habitualmente, para realizar el cálculo de la dosis que va a recibir tanto el tumor como los tejidos sanos de alrededor del mismo, es necesario realizar una tomografía de localización, cuyas imágenes se introducen en la computadora, donde se determina el volumen de tratamiento. Antes de la realización de la tomografía se determina el sistema de inmovilización más adecuado para cada paciente según la técnica que se vaya a aplicar. Una vez realizada la planificación, estos sistemas de fijación permiten su reproducción diaria en la sala de tratamiento.

¿Dónde se realiza el tratamiento con radioterapia?

Las habitaciones donde se realizan los tratamientos de radioterapia externa se llaman salas de radioterapia o búnkeres. Estas habitaciones poseen paredes de hormigón con un gran espesor que proporcionan un aislamiento perfecto impidiendo que la radiación salga fuera de ellas. Mientras dura la sesión de tratamiento el paciente estará solo en el interior de la sala, pero vigilado por el personal especializado a través de un circuito de televisión y un interfono.

¿Por qué es necesario acudir todos los días?

Si se administrara toda la dosis de radiación en una única sesión se producirían daños muy serios en los tejidos. Para minimizar estos efectos secundarios, la dosis total de radiación se fracciona, repartiéndose en un número determinado de sesiones y días. El fraccionamiento estándar consiste en administrar una sesión al día durante cinco días a la semana descansando dos, generalmente sábados y domingos. Para su administración no es necesario estar ingresado, puede acudir al hospital para el tratamiento y una vez finalizado volver a su casa.

¿Cuánto dura el tratamiento?

El tratamiento de radioterapia suele durar entre dos y siete semanas, dependiendo de la dosis que se administre y del número total de sesiones. Diariamente, cada sesión dura sólo unos minutos (quince aproximadamente). El tiempo real de irradiación dura unos segundos. Una vez finalizado el tratamiento diario, puede estar en contacto con otras personas, ya que no emite ningún tipo de radiactividad. Sus relaciones sociales, laborales y familiares no tienen por qué verse afectadas mientras dure el tratamiento.

Efectos secundarios:

La radioterapia, al mismo tiempo que elimina células enfermas, puede afectar a los tejidos sanos cercanos al área de tratamiento y como consecuencia aparecen efectos secundarios en la zona que ha recibido el tratamiento.

Estos efectos son difíciles de prever con exactitud, ya que dependen de múltiples factores como la zona del organismo donde se realiza el tratamiento, la dosis, el fraccionamiento y la susceptibilidad individual de cada persona. En algunos casos se producen efectos mínimos, mientras que en otros son más serios y es necesario administrar tratamiento médico para su control.